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Jarrón encontrado en Dorchester (Massachusetts)En 1851, se extrajo un jarrón o tarro de zinc y plata de una roca sólida en Dorchester (Massachusetts). El hallazgo fue publicado en el Scientific American de junio de 1851 (volumen 7, pp. 298-299); se extrajo de roca conglomerado (un tipo de roca sedimentaria) encontrada a 15 pies por debajo de la superficie de Meeting House Hill en Dorchester. El recipiente, de forma acampanada, tenía motivos florales incrustados en plata.

Se dató la antigüedad del objeto en unos 100.000 años, con lo cual, de ser cierta, se ganaría su calificación de artefacto fuera de lugar. Desgraciadamente, el artefacto desapareció tras circular por varios museos.

El martillo de Londres (Texas)

El artefacto apareció incrustado en el interior de una roca.
el martillo no se ha oxidado en 400 millones de años.



El artefacto apareció incrustado en el interior de una roca. La madera se encontraba petrificada y su cabeza de hierro fundida con la piedra que lo alojaba. Ante la escalofriante idea de que el martillo, para poder terminar en el interior de la roca, debía haberse construido antes de que esta se formase (unos millones de años atrás), los científicos decidieron dejarla olvidada en el Museo Somerwell, de Texas.

Posteriormente, análisis realizados sobre el martillo demostraron que el interior del mango estaba carbonizado y que la cabeza (perfectamente formada) había sido construida en hierro con un grado de pureza, solo alcanzable con tecnología moderna.

El mango del martillo muestra no haber estado exento del proceso de “petrificación” que evidencian los árboles de los bosques texanos. El lento proceso de petrificación prehistórica ocurrida en dicha zona, según los geólogos, data de hace 140 millones de años. Una deducción rápida del contexto del hallazgo lleva a suponer no solo que existía una civilización humana antes del proceso histórico de petrificación de Texas, sino que esta ya poseía la tecnología necesaria para realizar un martillo con las características modernas.

La cabeza, según estudios del Instituto Metalúrgico de Columbia, está conformada prácticamente en un 97 de hierro puro, un 2 por ciento de cloro y un 1 por ciento de azufre. Asombrosamente también se comprobó que el hierro había sufrido un proceso de purificación y endurecimiento, propios de una metalurgia del siglo XX.

El hecho de que la cabeza se haya encontrado fundida en la roca parece acusar que el proceso de incrustación se llevó a cabo bajo condiciones atmosféricas distintas a las actuales (diferente presión atmosférica), probablemente según científicos, más concordantes a una época remota.

Contra las remotas posibilidades de que un meteorito de extrañísima composición química y morfología excepcional, atrapara en la prehistoria a un trozo de madera (de igual manera que la cabeza de un martillo aprisiona a su mango), los científicos más aventureros ven en este oopart, solo un indicio más de que nuestro planeta cundió en algún momento de su historia, de civilizaciones de avanzada capacidad técnica, de las cuales hoy solo nos quedan leyendas…..y quizás, también, algunos vestigios atrapados en roca.



El artefacto apareció incrustado en el interior de una roca. La madera se encontraba petrificada y su cabeza de hierro fundida con la piedra que lo alojaba. Ante la escalofriante idea de que el martillo, para poder terminar en el interior de la roca, debía haberse construido antes de que esta se formase (unos millones de años atrás), los científicos decidieron dejarla olvidada en el Museo Somerwell, de Texas.

Posteriormente, análisis realizados sobre el martillo demostraron que el interior del mango estaba carbonizado y que la cabeza (perfectamente formada) había sido construida en hierro con un grado de pureza, solo alcanzable con tecnología moderna.

El mango del martillo muestra no haber estado exento del proceso de “petrificación” que evidencian los árboles de los bosques texanos. El lento proceso de petrificación prehistórica ocurrida en dicha zona, según los geólogos, data de hace 140 millones de años. Una deducción rápida del contexto del hallazgo lleva a suponer no solo que existía una civilización humana antes del proceso histórico de petrificación de Texas, sino que esta ya poseía la tecnología necesaria para realizar un martillo con las características modernas.

La cabeza, según estudios del Instituto Metalúrgico de Columbia, está conformada prácticamente en un 97 de hierro puro, un 2 por ciento de cloro y un 1 por ciento de azufre. Asombrosamente también se comprobó que el hierro había sufrido un proceso de purificación y endurecimiento, propios de una metalurgia del siglo XX.

El hecho de que la cabeza se haya encontrado fundida en la roca parece acusar que el proceso de incrustación se llevó a cabo bajo condiciones atmosféricas distintas a las actuales (diferente presión atmosférica), probablemente según científicos, más concordantes a una época remota.

Contra las remotas posibilidades de que un meteorito de extrañísima composición química y morfología excepcional, atrapara en la prehistoria a un trozo de madera (de igual manera que la cabeza de un martillo aprisiona a su mango), los científicos más aventureros ven en este oopart, solo un indicio más de que nuestro planeta cundió en algún momento de su historia, de civilizaciones de avanzada capacidad técnica, de las cuales hoy solo nos quedan leyendas…..y quizás, también, algunos vestigios atrapados en roca.

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